eduardo_zubiaurreMe han gustado varios párrafos de la entrevista que el domingo le hacía Miguel Angel Mata a Eduardo Zubiaurre, el presidente de Adegi. Se resume en una pregunta: “¿Es mejor despedir a 15 ó 20 trabajadores o que toda la organización haga un esfuerzo por mantener la plantilla?” Ese es precisamente el reto del 2010 para empresas y sindicatos.

Zubiaurre explica que hasta ahora se ha prescindido de los eventuales, esas personas normalmente jóvenes de las que no se acuerda nadie, porque ni están sindicados ni son muy ruidosos. Pero el problema llega ahora, cuando la crisis continúa y hay que seguir recortando costes, si se quiere mantener la empresa a flote.

Hay tres opciones:
1. Despedir a personal fijo, lo que resulta costoso e incluso traumático, porque estos sí suelen estar sindicados y hacen ruido. Eso sí, con las crisis, resulta más barato. Es la opción más habitual.

2. Cerrar la empresa. Seguro que es lo que les pide el cuerpo a muchos empresarios, que saben producir pero no tienen ni idea de cómo afrontar un conflicto humano con su personal.

3. Reducir los sueldos de todo el mundo, siguiendo el modelo de algunas cooperativas de Mondragón. El problema es que esta opción, que probablemente sea la más razonable a largo plazo, requiere el acuerdo de todo el mundo, lo que la hace sumamente complicada.

Yo soy un firme partidario de la última opción. Es lo que entiendo por flexibilidad. A mi juicio, con un 20% de desempleo, está claro que hay cierta gente que vive muy bien y otra que vive muy mal. Para equilibrarlo, al margen de las ayudas sociales, que son insostenibles e ineficaces a largo plazo, es necesario hacer menos ricos a los que tienen un contrato fijo. Es una cuestión de oferta y demanda.

Es lo mismo que está ocurriendo con el mercado inmobiliario. Si las casas son muy caras, nadie las compra. La crisis ha llevado a un reequilibrio de precios que ha pasado por rebajas del 50% o incluso más. Algo parecido tiene que ocurrir con los salarios, si queremos reequilibrar el mercado laboral.

El problema es que la legislación impide rebajar los sueldos de los trabajadores. Esa inflexibilidad es la que lleva a los empresarios a tocar lo único que sí que pueden alterar: el número de empleados fijos. Y es la razón fundamental de que el paro haya aumentado sin parar durante 2009. ¿Cómo podemos evitar que el número de desempleados siga creciendo de esta manera?

1. Incrementar la demanda para que las empresas vuelvan a ganar dinero. Todo el mundo da por hecho que esto no va a suceder al menos hasta 2012, a no ser que busquemos nuevos mercados, lo que pasa por la internacionalización y la innovación. Pero esto último no se hace en dos días.

2. Reducir los beneficios empresariales. Esto es lo que ha venido sucediendo. El problema es que, llegado un punto, lo que se pone en cuestión es la empresa en sí. ¿Hay margen todavía? En algunos casos sí, pero en otros no.

3. Prejubilar a todo el mundo. Esta fue una de las soluciones adoptadas en los años ochenta para hacer frente a la reconversión industrial. El problema es que, como ya es conocido, las arcas del Estado no lo aguantarían esta vez. La gente vive hoy demasiado tiempo.

4. Hacer que los recién licenciados sigan más tiempo en la universidad. Es una de las soluciones que ha buscado el Gobierno central al subvencionar este tipo de estudios (masters). El problema es que sólo puede durar un año y a muchos ex estudiantes se les empieza a agotar la paciencia.

5. Convertir a los parados en emprendedores. Lamentablemente, este cambio cultural no se hace en dos días y lo que se ha “vendido” durante decenios es que ser autónomo es muy sacrificado. Además, para conseguir que esto fuera viable, sería necesario disponer de una estructura de financiación de capital-riesgo que no existe en nuestros lares.

6. Conseguir que empleados y empresarios se pongan de acuerdo para rebajar los sueldos. Seremos menos ricos pero habrá menos “damnificados”.

Como ya he dicho antes, la única solución viable es la última, que pasa, en palabras de Zubiaurre, por “recuperar valores como el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, el compromiso, la austeridad y el ahorro”. Dicho de otra forma: o nuestros sueldos se acercan a los de los chinos o nos hundimos. Además, por supuesto, de que empecemos a cambiar los chips necesarios para que sea mucho más atractivo ser emprendedor que funcionario.

(Foto: eitb24)

(Actualización 4.02.10) En relación con este tema, es muy interesante el caso de Omega Elevator, la empresa que dirige el actual presidente de la patronal alavesa SEA, Juan José Azurmendi. Es un fabricante de ascensores que está sufriendo la crisis con intensidad. En lugar de rebajar los sueldos, ha iniciado un proceso de despidos, que ha afectado a un total de 43 personas (23% de la plantilla), con un coste total en indemnizaciones que supera el millón de euros. La empresa asegura que no ha tenido otro remedio que tomar este tipo de medidas y que, de otra forma, desaparecería la propia compañía. ELA no parece estar muy de acuerdo.

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