¿Tendría sentido la pena de muerte?
Desde luego que matar a una persona es lo último a lo que debe llegarse y hay que explorar todas las posibilidades que existen de reformar y reeducar. Pero uno se lo piensa cuando lee que un pederasta que ha pasado por la cárcel tres veces tras violar a nueve niñas pide incluso que le quiten la vida.
Y empieza a dudar seriamente de sus creencias cuando al día siguiente se vuelve a encontrar con la noticia de que el presunto asesino de la tinerfeña Fernanda Urzúa también tenía antecedentes por delitos sexuales. Nadie puede discutir que estos casos se hubieran evitado con una cadena perpetua permanente, por no hablar de otras medidas más drásticas. Parece que realmente hay gente que es inreformable.
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La cárcel es un sistema de castigo en su basamento más profundo, sólo muy recientemente se ha intentado modificarlo en un sentido más reeducativo, pero es una institución heredera de lo que es. Por extensión, nuestro derecho occidental (heredado directamente del derecho romano) es una porquería, puesto que si el fundamento del derecho es crear pautas de conducta aceptables para la sociedad, se limita simplemente a actuar por la vía del refuerzo negativo, cuando cualquier psicólogo sabe perfectamente que es muchísimo más fuerte el positivo.
Es volver a lo mismo decir que la mayoría de lo que se llaman delitos son evitables suprimiento las condiciones sociales que los hacen inevitables, no actuando en absoluto sobre las personas. En cuanto a las personas que como este artículo parece apuntar, tienen una patología inalterable, desde luego tampoco la cárcel parece el sitio más adecuado. Y como siempre, la ley del embudo: si un tío viola y mata niñas, eso es algo horrendo, y si un crío sistemáticamente se emborracha los fines de semana y va por la carretera sin control jugándose su vida y la del que se encuentre a su paso, eso no es comparable por el pequeño detalle de que el primero tiene voluntad de matar y el segundo, por lo visto, no.
La pena de muerte es repugnante y asquerosa, además de necesitar un asesino para ejecutarla, cuyos actos nos salpican a todos en la medida que formamos parte de la misma sociedad que lo hace. ¿Qué tendrá que ver un anormal con asesinar a alguien a sangre fría? Luego se nos llena la boca hablando de la ETA…
Lo que siempre les digo a los defensores de la pena de muerte: ¿la aplicarías tú personalmente, o eres tan cobarde que necesitas que alguien lo haga por ti?
En cuanto a asesinos en serie que hacen más daño que un enfermo, tenemos los consejos de administración de las multinacionales de armamento, farmacéuticas, petroleras, químicas… cuya responsabilidad baja en cascada hasta el último integrante de la empresa. Pero siempre es más fácil pillar de embudo y gafas y ver la realidad de forma que se nos haga más llevadera…
Permalink 09 de Agosto de 2007 @ 13:34