Curiosas declaraciones de Xabier Arzalluz, que opina que hay un “personaje un tanto mafioso” dentro del PNV que se dedica a desvelar chanchullos de algunos miembros del partido por rivalidad política. Si así fuera, creo que la ciudadanía agradecería que hubiese muchos sujetos así, por pura transparencia y limpieza con el dinero público.

Básicamente, su teoría, bastante compartida, por cierto, es que en el seno del PNV hay dos grupos en guerra abierta:
- Los seguidores de Josu Jon Imaz, asentados en Bizkaia
- Los seguidores de Joseba Egibar, que tienen su feudo en Gipuzkoa

Como los segundos son los que han mandado durante los últimos años, los primeros estarían ahora tratando de captar poder sacando a relucir los trapos sucios de los partidarios de Egibar, el “favorito” de Arzalluz. El último incidente afecta al hermano de un senador, Víctor Bravo, y a la mujer de un burukide, Luis María Bandrés. Todos ellos son seguidores de Egibar, claro está.

Los dos estarían implicados en una trama en la que algunos se enriquecieron cobrando en efectivo deudas fiscales que después saldaban “artificialmente” manipulando los programas informáticos de la Hacienda foral. Se da la circunstancia de que algo similar ya ha ocurrido en Bizkaia, donde un alto cargo bloqueaba las inspecciones a determinados contribuyentes” protegidos.

Y en medio de todo este turbio asunto es difícil olvidar el extrañísimo incendio del edificio de la Hacienda de Gipuzkoa de hace tres años. Entonces desapareció abundante documentación e incluso falleció una persona. Nada se ha vuelto a saber de ese caso. Una vez más, Hacienda de por medio. Espero y deseo que se siga aclarando lo que ha venido ocurriendo en el Fisco guipuzcoano, así que no me queda más que aplaudir a los que están sacando a la luz estos fraudes, sean seguidores de quien sean.

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