No tenemos todavía la transcripción del “duelo” de ayer entre el presidente de Lantik, José María Iruarrizaga, y Jonathan Martínez, juntero en Bizkaia de Ezker Batua, pero la cosa promete. Según El Correo, Iruarrizaga llamó a su oponente “guay” y “chachi-piruli“, al parecer por defender abiertamente el software libre frente al propietario de BiscayTIK.

Ezker Batua, que en Bizkaia forma parte de la oposición, había pedido la comparecencia del diputado general José Luis Bilbao para explicar los detalles del acuerdo con Microsoft. En su lugar intervino José María Iruarrizaga, que también es diputado de Hacienda y que como presidente de Lantik, la sociedad pública que convocó el concurso de BiscayTIK, conoce bien el proyecto.

En su intervención, reconoció la complejidad que entraña esta iniciativa y destacó el objetivo de extender la administración electrónica a todos los ayuntamientos. A finales de 2009 se harán las primeras pruebas en Abanto-Zierbena, Balmaseda, Basauri, Galdakao y Mancomunidad de Arratia. Además, a partir de la primavera de 2009 cada vizcaíno dispondrá de una cuenta de e-mail del tipo nombre-apellido@bizkaia.eu

Pero, según la crónica de El Correo, lo mejor llegó después, cuando el representante de Ezker Batua le acusó de “ningunear a las compañías vizcaínas de software libre” e Iruarrizaga le replicó que se había seguido el procedimiento establecido. “No soy tan guay ni tan chachi-piruli como usted”, le respondió. En palabras de El Correo, “estaba visiblemente enojado”.

Todavía no está disponible el acta completa de ambas intervenciones, pero sí se pueden leer algunas frases de las que empleó el representante de Ezker Batua:

“A nuestro entender, con la contratación de software privado estamos renunciando a la propiedad pública del sistema informático de las administraciones de Bizkaia. En muchas ocasiones, las instituciones olvidan el software libre por desconocimiento, por no saber, por ejemplo, que existe la posibilidad de desarrollar tecnologías más económicas, que no nos exigen los peajes ni las hipotecas del software privado.

Apostamos por la informatización de las administraciones en beneficio de la comodidad y de la velocidad de los trámites, pero vemos indispensable la incorporación de software libre al sector público, como así se ha venido expresando desde distintas instancias. (…) De hecho, la implementación de software propietario en la administración pública nos aboca a una dependencia comercial de las empresas contratadas, con tendencia al monopolio. El camino contrario es la libertad de desarrollo, la colectivización de la propiedad intelectual, el abaratamiento de costes, y entre otras cosas, la desaparición de impedimentos legales para su gestión, mejora y actualización”.

Mi opinión personal: Jonathan Martínez tiene mucha razón, pero su forma de explicarse, basada en un discurso tremendamente dogmático y con ciertos toques comunistas, no es probablemente la mejor. El software libre no es necesariamente mejor desde un punto de vista técnico. De hecho, muchas veces es peor. Económicamente sí que suele tener ventajas, pero tampoco siempre y especialmente a corto plazo.

Eso sí, socialmente es mucho más interesante, en la medida en que la apertura del código facilita su uso posterior por parte del resto de programadores, administraciones y organizaciones en general. Iruarrizaga tiene razón en que lo de la “colectivización de la propiedad” suena muy “guay” pero parece irreal. Lamentablemente, la imagen del software libre ha estado hasta ahora asociada a programadores juveniles “con pelo largo” que trabajan de forma cooperativa y que generan cierta desconfianza entre personas encorbatadas que pertenecen a otra generación.

Las cosas están cambiando. El concurso de Metaposta, en el que se ha depositado una oferta basada en código abierto, es una puerta abierta a la esperanza. Pero tampoco se debe dar la vuelta a la tortilla para promocionar el software libre ante todo y en contra de los criterios técnicos, que son los que deben primar. La Administración debe comprar buenos productos al mejor coste y, si eso se hace con software libre, mucho mejor.

Una de las costumbres que habría que erradicar es la de querer hacerlo todo desde cero. Si el software libre sólo sirve para que cambie el adjudicatario de los concursos, mal vamos. Los programas de código abierto son buenos en la medida en que se pueden reaprovechar los esfuerzos de todo. Lo lógico sería buscar la fórmula para que BiscayTIK o Metaposta se hagan a base de software ya elaborado en otros lugares del mundo. Y así con todo.

Advertencia: Por si alguien cree que puede influir en mi opinión, aclaro que soy gerente de una empresa que emplea y produce software libre, Alianzo.

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