Cuando nadie quería fabricar acero

Estos días que se cumple el décimo aniversario de la Acería Compacta de Bizkaia no he podido dejar de recordar los años en que el acero era algo a evitar. La crisis de Altos Hornos metió tanto miedo en nuestra generación que durante mucho tiempo creimos que la reconversión debía significa volver a empezar de cero en otros sectores.

La realidad ha demostrado que no era así. Hoy en día ACB, integrada en Arcelor, es una factoría muy competitiva y a la que le falta de todo menos trabajo. Eso sí, apenas tiene 500 empleados, frente a los miles que llegó a tener Altos Hornos de Vizcaya.

La ACB supuso una inversión de 300 millones, de los que una parte provino del Gobierno Vasco, empeñado en que Euskadi siguiera fabricando acero. Esa cantidad era, por cierto, comparable a los 192 millones que Altos Hornos había perdido en 1991.

Con la perspectiva que da el tiempo, hay que admitir que la Consejería de Industria, entonces dirigida por Jon Azua, hizo las cosas bien. Además de invertir dinero (el 10% del capital), consiguió movilizar a varios bancos y cajas, a Cosimet y a Ingelectric para que pusieran fondos privados.

Su empeño, a veces poco comprendido, ha dado sus frutos. La presencia de la ACB es hoy garantía de que todo un sector industrial seguirá enclavado en Euskadi durante muchos años.

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29/01/2007 • Escrito por José A del Moral
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