Iberdrola, Loizaga y la teoría del pollo
La mera posibilidad de que EDF y ACS compren Iberdrola para luego trocearla ha generado una oleada de rechazos tanto en el mundo económico como en el político. La conclusión general es que no se puede especular financieramente con una empresa centenaria que ha basado su crecimiento en la generación de valor y que ha sido un motor industrial. Lo que pocos saben es que uno de los principales ingenieros de esta operación es de Bilbao.
Hablamos de José María Loizaga, un profesor mercantil de 71 años que es al mismo tiempo gran amigo de Florentino Pérez y consejero de ACS, de la que posee un 0,1% de su capital. El fundador y presidente de la sociedad de capital-riesgo Mercapital ha dedicado la mayor parte de su actividad profesional a comprar y vender empresas, en algunos casos después de haberlas troceado.
El caso más destacado, y el que peor reputación le ha generado, es el de la Unión Cerrajera de Mondragón, una compañía que estuvo ligada a la familia Oreja. Esta empresa, también centenaria, era una de las más importantes de Gipuzkoa, había llegado a emplear a más de 2.000 personas e incluso cotizaba en Bolsa. Sin embargo, en los ochenta entra en crisis. Las dificultades financieras derivan en retrasos en el pago de salarios y finalmente en fuertes huelgas.
Para hacer frente a los pagos, a los gestores no se les ocurre mejor idea que absorber a otra empresa en dificultades, la vizcaína Nervacero, a cambio de fuertes subvenciones públicas. El grupo resultante estaba cargado de problemas, especialmente en su división siderúrgica, que generaba el 86% de la facturación. Sin embargo, las de muebles de oficina (Roneo), cerrajería y transformados metálicos iban mejor.
Así que la Unión Cerrajera se vio abocada a un proceso de reconversión, con sus consiguientes despidos y cierres de fábricas, además de la segregación de aquellas actividades que daban buenos resultados. Entran en ese momento en escena una serie de ejecutivos procedentes de la Consejería de Industria del Gobierno Vasco, Juan Carlos Isasti, Jesús Lobo, Pedro Abasolo y Joaquín Ochoa, acompañados de Federico Solana, socio de la consultora ICSA.
Todos ellos representan a la sociedad High Technology Management, dedicada a reconvertir empresas y que después intervendría también en Mecánica de la Peña e incluso, como comisionista, en la fusión entre Hidrola e Iberduero. Es Jesús Lobo quien asume la presidencia en 1985. Una de sus primeras decisiones fue vender Altos Hornos de Bergara a Aristrain y al grupo italiano Riva y eliminar una parte de las instalaciones de Nervacero a cambio de una importante subvención.
De esta forma se consigue encauzar la empresa y llegar a finales de los ochenta con un balance saneado y con beneficios, en 1988, de casi siete millones de euros. Es entonces, en 1989, cuando entra en escena Mercapital, la empresa de Loizaga, que compra en Bolsa el 20% del capital, tras invertir unos seis millones de euros. En también en ese momento cuando se trocea definitivamente la Unión Cerrajera y se abordan nuevas inversiones totalmente alejadas del negocio tradicional. Entre ellas, una inmobiliaria, una firma de cerraduras de seguridad, una bodega o el casino Kursaal de Donostia.
Para ello, la Unión Cerrajera se transforma en Corporación Ucem, una especie de holding dedicado a la promoción y desarrollo de proyectos empresariales nuevos, y entra en su capital otro fondo, Talde, controlado por las cajas. El propio Jesús Lobo explicó estos cambios en un artículo publicado en Ekonomiaz. Mercapital, por su parte, lo justificó en estos términos tan crípticos: “Se trata así de diversificar las posiciones accionariales en una serie de instrumentos que actúan como elemento multiplicador de las inversiones financieras que el grupo realiza”.
Pero las cosas no fueron bien y en 1992 la compañía volvió a encontrarse con pérdidas multimillonarias. Nada más y nada menos que 40 millones de euros, que ponían a Ucem en una difícil situación financiera. En realidad, entró en proceso de liquidación, del que sólo se salvó gracias a la intervención de los sindicatos y las instituciones, que permitieron que lo que quedaba de la empresa, básicamente su nombre, se convirtiera en una Sociedad Anónima Laboral para fabricar cerraduras con un centenar de trabajadores. Y así ha seguido hasta hoy.
¿Qué ocurrió? Varios accionistas que habían perdido todo su dinero denunciaron ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) supuestas irregularidades, de las que no se ha sabido más. Una de las operaciones que más sospechas generó fue la absorción, con un importante coste en forma de dividendos, de una empresa, Norcapital, vinculada a los socios de Mercapital. Es decir, se acusaba a los gestores de despatrimonializar la compañía.
Pero el asunto no llegó a ningún tribunal y sólo hizo acto de presencia en la prensa y en las juntas de accionistas. De hecho, Jesús Lobo y José María Loizaga se acusaron mutuamente de la catástrofe. Lobo calificó a Loizaga de “especulador”. Loizaga, por su parte, aseguró que Mercapital, pese a ser el principal accionista, no participaba en la gestión y echó en cara a Lobo y Abasolo haber abandonado el barco en el peor momento. Y luego justificó su no intervención en esas circunstancias por razones políticas, ya que Lobo y Abasolo estaban vinculados al PNV. De hecho, desde entonces, Loizaga procura no tener relaciones con empresas vascas.
Sea como fuere, la sombra de Ucem ha perseguido a Loizaga durante años. Pero no es la única. Por esas mismas fechas, en 1992, Mercapital tenía una participación en Corporación Alimentaria Ibérica, un grupo de empresas (entre ellas, Pamplonica) que cotizaba en Bolsa y que no paraba de perder dinero. Así que Mercapital decidió vender su participación a uno de los socios, en el marco de una compleja operación financiera que no acabó de salir adelante. El resultado fue también que la empresa quedó con mayores deudas que activos. En 1993 Corporación Alimentaria Ibérica entró en quiebra.
Con ese bagaje no es extraño que en 1994 Izquierda Unida del Ayuntamiento de Madrid se opusiera tajantemente a que Mercapital entrara en el capital del Parque de Atracciones de la ciudad. Y en ámbitos periodísticos, Loizaga se han granjeado fama de especulador. En un confidencial de Internet le atribuían no hace mucho la teoría del pollo: “Tú compras el pollo, luego lo troceas y lo vendes por partes quedándote con el muslo”.
Lo cierto es que a Loizaga no le ha ido nada mal económicamente. Su curriculum oficial dice que comenzó sus actividades en el sector financiero en 1956 en el Banco de Vizcaya en su ciudad natal. En 1968 entra como director general en Zardoya en San Sebastián y allí se encuentra en 1972 con la posibilidad de fusionar la empresa con una multinacional, Otis. Siguió siendo uno de los máximos ejecutivos de Otis durante unos cuantos años y sacó a Bolsa a la firma fusionada, Zardoya Otis.
Antes de dedicarse en exclusiva a esta labor fue consejero delegado de Banco Unión, fusionado con Banco Urquijo para conformar el primer banco industrial de España. Harto de hacer ganar dinero a los demás, decide, con la familia Zardoya, poner en marcha su propio banco de inversión, con el fin de comprar participaciones en empresas. Es así como nace Mercapital en 1984. España vivía entonces una fuerte crisis industrial y había auténticas joyas a precio de saldo. Desde entonces se ha dedicado a esta labor de compraventa de empresas.
Mercapital es hoy un gigantesco fondo de capital-riesgo que gestiona centenares de millones de euros. Entre otras empresas en las que ha intervenido destacan Arsys, Bodegas Lan o Corporación Eólica (Guascor), comprada finalmente por Acciona. Además, Loizaga ha invertido personalmente en compañías como ACS, Mecalux, Cartera Hotelera o la propia Zardoya-Otis. También es miembro del consejo rector del Instituto de Empresa y vocal del Círculo de Empresarios. En Internet se puede averiguar también que era titular de una de las famosas cuentas “ocultas” de Manuel de la Concha en Ibercorp.
Es a través de ACS donde puede haberse convertido en el máximo inspirador de la compleja operación financiera que su jefe, Florentino Pérez, quiere abordar para hacerse con los activos de Iberdrola en España con el fin de fusionarlos después con Fenosa. ACS es hoy el primer accionista de Fenosa, donde controla el 40,5% del capital, y tiene un 11,7% de Iberdrola que ahora vale un potosí. Se lleva muy mal con el actual consejero delegado de Iberdrola. Loizaga también es consejero dominical de Fenosa.
Curiosamente, no es el único vasco que forma parte del consejo de administración de ACS. También están ahí su amigo José María Aguirre González, presidente del Banco Guipuzcoano, y Javier Echenique, el hermano de Pedro Miguel Etxenike, del que lo último que se ha sabido es que Telefónica lo nombró delegado en Euskadi. Además, el BBVA tiene un 4% de ACS desde el 11 de enero de este año, justo antes de la tormenta.
Hay que recordar que los problemas de estabilidad en el núcleo de accionistas de Iberdrola surgen a raíz de la venta de sus acciones por parte del BBVA, su accionista tradicional. También hay que mencionar que el capital de ACS está en manos de la familia March (20%), del abogado y ex presidente de las Cortes Antonio Hernández-Gil (11%), de Florentino Pérez (11%), de los primos Alberto Alcocer y Alberto Cortina (12,5%), del dueño de Iberostar Miguel Fluxá (10%) y de Mutua Madrileña (3%). ¿Qué pinta el BBVA en todo esto?
Actualización 30.11.08: La Cerrajera de Mondragón, que actualmente tiene 130 empleados, ha vuelto a suspender pagos.
Temas: acs, banco urquijo, cerrajera de mondragon, edf, iberdrola, jose maria loizaga, mercapital, ucem, zardoya
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