¡Qué fuerte!
Abandonar una torre emblemática e irse a un edificio mucho más pequeño es una muestra de debilidad, aunque también de racionalidad. La decisión del BBVA de cambiar de sede en la ciudad que le da nombre, hoy confirmada y adelantada aquí hace un año y hace un par de meses en Deia, es una clara muestra del declive de Bilbao, que se quiso convertir en un centro de servicios y que poco a poco se está transformando en un simple punto turístico y residencial.
Por cierto, para el que busque una oficina en la “capital” vizcaína, se avecinan tiempos buenos. El mercado se va a desplomar de verdad. Entre el espacio de la Torre Iberdrola y éste, va a haber tantos metros libres que probablemente hasta los regalen.
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Pues lo que dice el título es acertadísimo: ¡Qué fuerte!
Porque una cosa es vender el edificio y mantenerte como inquilino (habitual hoy en día) y otra es irte a uno más pequeño reconociendo que el rascacielos estaba medio vacío.
