Perdonar parte de la deuda fiscal a una empresa es una ayuda pública. Y todas las subvenciones deben estar sometidas a un riguroso control de su finalidad y disponibilidad para todas las compañías del sector. Por eso estoy radicalmente en contra de que la Diputación de Bizkaia “perdone” parte de lo que le debe el grupo Urazca.

Sé que ésta puede ser la única forma de cobrar algo y una de las pocas posibilidades de salvar una parte del empleo. Pero estos principios se pueden aplicar a una empresa privada. Nunca a la Administración, que debe ser rigurosa en la aplicación de las leyes. La solución planteada, que consiste en declarar a la empresa como “de especial trascendencia para la economía del entorno”, es simplemente ridícula.

El grupo Urazca ha sido víctima de una mala gestión y de una coyuntura que no sabemos cuánto puede durar. Otras empresas del sector se han salvado. Probablemente porque no gastaron impetuosamente. Así funciona nuestro sistema económico. Para bien y para mal. Los que lo hacen bien acaban imponiéndose. Premiar al que lo ha hecho mal no es la mejor idea para crear un tejido productivo y competitivo.

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