munillaMezclar política con cualquier cosa suele dar malos resultados. Más aún si lo otro es un sistema tan jerárquico y antiguo como la Iglesia. Es lo que está ocurriendo en Gipuzkoa tras el nombramiento de José Ignacio Munilla como nuevo obispo de San Sebastián. No cabe duda alguna de que está trascendiendo una guerra fratricida entre nacionalistas vascos y españoles por el control de la diócesis, una segunda parte de las batallas Cope-Herri Irratia e incluso Legionarios de Cristo (y Opus) contra Jesuitas.

Por una parte, el Vaticano y la Conferencia Episcopal Española nombrando a un obispo que saben que no es del agrado de una parte importante de los sacerdotes. Por otra, los curas nacionalistas vascos firmando cartas para criticar a Munilla. Y finalmente un teólogo calificando (ver vídeo) de hacker conspirador al futuro obispo de San sebastián con acusaciones que parece que no eran muy ciertas. Después han aparecido PNV y PP para defender a unos y otros. Incluso se está utilizando Facebook como arma de guerra.

Todo esto no hace sino hundir la ya mala fama de la Iglesia. Se trata de una institución sumamente jerarquizada en la que la obligación es cumplir el mandato de Dios, normalmente interpretado por un señor conocido como El Papa. En un sistema que funciona de esa forma es absurdo criticar un nombramiento. Lo que deberían hacer todos los curas a los que no les gusta este funcionamiento es salirse de la Iglesia y dedicarse a predicar sin sueldo a fin de mes. Es fácil criticar desde el calor de la parroquia y el contrato fijo. Y sí, necesitamos una Iglesia 2.0.

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