El otro día me enteré de que tres ilustres empresarios vascos, Juan Celaya (Cegasa), Donato Iribecampos (Condesa, recientemente fusionada con Tubos Reunidos) y Juan Arregui (Forjas Alavesas, hoy parte de Sidenor) dieron sus primeros pasos en Mondragón. Arrasate fue su lugar de nacimiento y la cuna de sus industrias, que con el tiempo trasladarían a Alava. Sumado al fenómeno de MCC, es algo realmente sorprendente.

Mondragón no deja de ser una localidad mediana (unos 22.000 habitantes) en el centro de Gipuzkoa, hasta hace no mucho alejada de las grandes rutas del transporte. Tampoco disponía de materias primas, cosa que sí sucedió en la margen izquierda del Nervión. Ni siquiera abundaba el terreno para abrir factorías. ¿Qué tiene entonces esta localidad?

Para empezar, la necesidad hace virtud. Los mondragoneses han sido grandes metalúrgicos desde la Edad Media. Era su medio de subsistencia. Con esa tradición, la primera revolución industrial trajo a Arrasate la creación de la Unión Cerrajera (UCEM), el que fuera motor de la economía local durante lustros.

Lo bueno de UCEM es que creó en su entorno viviendas y escuelas de formación profesional, con lo que se formó a una gran cantidad de trabajadores que, tras la crisis industrial, pudieron convertirse ellos mismos en empresarios. Muchos de ellos conformarían lo que hoy es MCC. Y obviamente, la antigua escuela politécnica es lo que hoy se conoce como Mondragon Unibertsitatea, toda una cantera de ingenieros.

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