Hoy he conocido de primera mano los riesgos que implica volar con una línea low-cost. En este caso, con una no española, Transavia. Como resulta que estas compañías tienen muy pocos aviones, si a uno le ocurre algo, los retrasos pueden ser espectaculares. En mi caso, de casi 9 horas.
Se trataba de un vuelo Amsterdam-Madrid que debía salir a las 5 de la tarde y finalmente ha partido a la 1.30 de la madrugada. La indignación era generalizada. Pero no había nada que hacer. Como mucho, conseguir un par de llamadas de teléfono, cena y conexión a Internet gratis.

Para el que quiera saber de qué aerolínea se trata, decir que es Transavia, que es el Clickair de Holanda, ya que está participado por KLM, que es la Iberia local. ¿Y qué ha ocurrido? Simplemente, que uno de sus aviones se ha quedado parado en el Reino Unido y hasta que no lo han podido mover ha desencadenado una serie de retrasos en varios vuelos, entre ellos el mío.

¿Qué hacer en un caso como éste?
- Aguantarse. No hay nada que hacer. La compañía está en su derecho. Si fuera una aerolínea más grande, siempre podría recurrir a otro avión, pero un low-cost no lo hace.
- Pedir cena/comida gratis y una llamada de teléfono para avisar del retraso. Si se va a usar Internet, pedir un vale de conexión gratis en el aeropuerto. Así, al menos, uno no se aburre.
- Si el retraso genera algún daño directo (por ejemplo, otro vuelo que se pierde), pedir una indemnización con calma. En mi caso, también voy a exigir el coste del taxi.

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