Angela Murillo

Angela Murillo

En el peor estilo de película de miedo tipo “Alien vs Predator” o “Freddy vs Jason” nos encontramos a la jueza de la Audiencia Nacional Angela Murillo protagonizando un título de serie B con Arnaldo Otegi, que no necesita presentación.

“Murillo vs Otegi” es una película de miedo porque pone los pelos de punta ver al señor Otegi dar su discurso, negarse a contestar y que la jueza que instruye el caso se dedique a todo, a todo, menos a ejercer de jueza.

Porque no debemos olvidar que los jueces son seres humanos, efectivamente, pero cuando se ponen la toga dejan de serlo para ser instrumentos de la justicia. Yo no dejaría que “un ser humano” me quite la casa, me mande a la cárcel o me impida ver a mis hijos”. Es el instrumento de la justicia, ciega y sorda, a la que se permite hacerlo.

Dicho instrumento de la justicia no puede hacer una pregunta a un testigo o a un imputado y, cuando recibe la respuesta, apostillar “Ya lo sabía”. Si ya lo sabía, ¿para qué pregunta? Si ya lo sabía, ¿para que juzga? ¿Acaso sabe ya qué veredicto emitirá su tribunal aún antes de entrar en la sala y mirar a la cara al acusado?

Luego, además, ha utilizado la jueza Murillo un lenguaje “castizo” con expresiones fuera de lugar como: “por mí como si bebe vino” y “no se le ha entendido ni papa”. Un lenguaje “desafortunado” según la Asociación Profesional de Magistratura y cuestionado, también, por Jueces para la Democracia.

El lenguaje castizo y las actitudes de andar por casa son absolutamente inaceptables en un tribunal. No obstante, si comparamos la gravedad de esa “actitud” con la declaración de conocer una respuesta antes de recibirla por parte de un juez, se queda en agua de borrajas.

Lo cierto es que mi enfado, que en este momento es mayúsculo, proviene de saber que la justicia a la que todos estamos sometidos ha demostrado estar al mismo nivel de manipulación personal e ideológica que el acusado.

Mal día para la Justicia (con J mayúscula).

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