logo-athleticDurante los últimos meses ha estado de actualidad el asunto de si el nuevo estadio del Athletic Club debe o no debe contar con financiación pública. La cuestión se ha puesto todavía más candente al convertirse en una condición del PP para aprobar los próximos presupuestos.

El tema del nuevo estadio bilbaino lleva coleando muchos años, con varias posibles ubicaciones, capacidades (de 53.000 pasó a 58.000 y ahora nuevamente a 53.000), diseños (de ovoide a ovalado y la maqueta ahora expuesta ya está obsoleta puesto que se ha decidido eliminar el tercer anfiteatro) y presupuestos (el anterior era de 235 millones de euros, el actual de 175 millones).

Las fuentes de financiación serían el propio club, BBK, Ayuntamiento (a través de compensación por tasas e impuesto municipales) y Gobierno Vasco, que conformarían la sociedad San Mames Barria. Al Gobierno Vasco, que al contrario que los otros mencionados, nunca se ha comprometido con el proyecto (ni con este lehendakari ni con el anterior) se le piden 55 millones de euros.

Dentro del plan para su ubicación, se derribó la Feria de Muestras (trasladada al BEC de Barakaldo) y se impulsó un campus tecnológico en la zona, trasladando las escuelas de ingeniería de La Casilla y Barakaldo, que tiene previsto construir en los terrenos del actual estadio. Ya en Junio la polémica surgió cuando el diputado general de Bizkaia, patrocinador del Athletic, sugirió que o entraba el Gobierno Vasco en San Mames Barria o dejaba de aportar la parte foral en la ampliación del metro.

Como se preguntaba Manu Alvarez, ¿es prioritario un campo de fútbol privado antes que una línea de metro? Al final parece que la polémica hizo recular a la Diputación y desligó ambos asuntos, comprometiéndose a seguir aportando a la construcción del metro. Por cierto, en el esquema inicial de financiación del metro de Bilbao, la financiación era 50% Gobierno Vasco, 25% Diputación y 25% ayuntamientos del trazado, pero la Diputación asumió la parte municipal.

La cuestión que hay que responderse es la siguiente ¿es aceptable que se destine dinero público a un equipamiento para un club privado, y más con la que está cayendo?

Dentro de los argumentos que se usan para responder afirmativamente están que el Gobierno Vasco subvencionó parte de Mendizorroza y Anoeta, que su construcción tiene impacto económico, que su funcionamiento permitirá atraer espectáculos y acontecimientos deportivos (Eurocopa, Mundial), que será un icono para la ciudad y que forma parte de una operación urbanística en la que esta implicada la universidad pública.

Los contrarios a que se financie con dinero público el estadio responden que los equipamientos mencionados son públicos, con gestión pública (en San Mames Barria se ha acordado que el Athletic sea gestor exclusivo del campo y tenga capacidad de veto en la sociedad), que sería un nuevo BEC (el estadio estaría vacío el 90% del año), que su impacto económico a medio plazo es menor que el de un hospital (por puestos de trabajo) o un metro (por los beneficios y ahorros que produce), que se pueden hacer conciertos en el actual San Mamés (ejemplos de Rolling Stones y Bruce Springsteen) y que un mundial sólo es cada siglo. Y sobre todo, que en plena crisis, con recortes de prestaciones y subida de impuestos, destinar muchos millones a apoyar un club privado es improcedente.

La polémica afecta sólo al Gobierno Vasco, ya que la implicación de Diputación de Bizkaia, Ayuntamiento de Bilbao y BBK (también institución pública) se da por segura y ya nadie la discute. Tras amagar varios de sus consejeros (Cultura, la portavoz, Economía) en el tema (unos que no lo ven, otros que un poco sí), la intervención de Patxi López ha levantado ampollas al exigir que la propiedad y gestión sean públicas y que puedan celebrarse otras actividades como conciertos, rugby o atletismo.

Esto último ha dado pie a pensar que se el lehendakari quería una pista de atletismo permanente alrededor del campo, algo a lo que se opone totalmente cualquier aficionado el fútbol (en Anoeta las quieren retirar), pero más bien me inclino a pensar que se refería a que hubiese un sistema de gradas retráctiles como en el Estadio de Francia, donde se combina fútbol, rugby (al que un campo de fútbol se le queda corto) y atletismo.

La pista de atletismo estaría debajo de las gradas móviles y no se vería en un partido de fútbol. Además, a los grandes conciertos también les viene bien ampliar la superficie lisa. De todas formas, dejó la puerta abierta al decir que “si genera miles de empleos, mejora los accesos a Bilbao y libera unos terrenos en los que se instalará parte de la UPV, entonces, igual sí es una buena inversión”.

Para complicarlo todo un poco más, la posible implicación del Gobierno Vasco en el nuevo San Mamés ha reavivado las demandas de Real Sociedad y Baskonia de que también ponga dinero en sus proyectos de remodelación. Sobre el impacto económico, el Athletic ha entregado al Gobierno Vasco un estudio de Idom (que también es la firma diseñadora del estadio y del proyecto constructivo), que dice que el nuevo estadio generaría ingresos que triplicarían el coste de su construcción.

Una posible solución sería la de retrasar para otra ocasión el tema, tal como propone Manu Álvarez en un duro artículo, siendo la única afectada la UPV, que prevé edificar dos edificios en el solar del actual estadio:  uno polivalente de Telecomunicaciones y Audiovisuales y otro para I+D+i y biblioteca . Podría retrasarlos y utilizar mientras tanto la cercana escuela de ingeniería técnica de La Casilla.

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