obama-gamesaNo me gusta nada lo que está ocurriendo en Gamesa ni las amenazas que ha lanzado su presidente, Jorge Calvet, contra el presidente del Gobierno español. Y eso que siempre la he considerado una empresa admirable, capaz de reinventarse hasta en tres ocasiones: pasó de la fabricación de componentes de automoción a los de aeronáutica y finalmente a los aerogeneradores. Podría perfectamente ser el 3M vasco e incluso español.

Vayamos por partes. ¿Qué está ocurriendo en Gamesa? Básicamente, que su negocio se está agotando. La fabricación de aerogeneradores se ha ralentizado sustancialmente, pese a los esfuerzos del Gobierno de Obama. La crisis ha llevado a los ejecutivos de medio mundo a limitar las subvenciones a las energías verdes, al mismo tiempo que su financiación externa se complica. Esto es especialmente grave en España.

¿Y cómo reacciona Gamesa contra esta crisis? Por una parte, vendiendo activos, como los parques eólicos que ha traspasado a Iberdrola, para reducir deuda. Por otra, con una internacionalización vertiginosa y muy acertada que le ha llevado a poner plantas en países tan distintos como China, India, EE.UU. o el Reino Unido. Al mismo tiempo, con el lógico cierre de algunas fábricas en España, donde ya no hacen falta tantos aerogeneradores y la competencia de Vestas, el líder mundial y antiguo socio tecnológico, se ha intensificado sustancialmente.

Este último proceso de cierres en casa y aperturas en el exterior es lo que se conoce como “deslocalización”, un fenómeno imparable en el ámbito industrial, consecuencia de la globalización económica. Nadie debería sorprenderse de que suceda, siempre que vaya acompañado de una mayor inversión en innovación y nuevos productos, que normalmente se desarrollan cerca de la sede social.

En pura teoría, esto es lo que está ocurriendo con Gamesa. Pero muy bien no le deben ir las cosas. Mi sensación es que la firma vasca no ha conseguido despegarse de los molinos de viento ni desarrollar productos que mejoren los de sus competidores. Sin ir más lejos, en energía eólica de procedencia marina, la que más proyección tiene actualmente en Europa, no le ha quedado más remedio que buscar un socio tecnológico alemán.

De ahí lo de tirar balones fuera y echarle la culpa de sus penas al Gobierno de Zapatero. O quizás es que hasta ahora se le ha ayudado demasiado con una regulación demasiado generosa en las primas a las energías verdes. Gamesa es hoy el segundo fabricante mundial de aerogeneradores, pero se apoya excesivamente en su estrecha relación con Iberdrola y especialmente en España.

Me gustó mucho la reciente iniciativa de la empresa para, junto a la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit), evaluar nuevos proyectos innovadores. Es la línea a seguir. Si a Gamesa se le ha agotado la gallina de los huevos de oro, quizás tenga que ponerse las pilas y empezar a desarrollar productos novedosos en el campo de las energías renovables. El futuro sigue estando ahí, pero quizás haya que buscar alternativas a los molinos.

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