La subcontratación informática o outsourcing siempre ha tenido muy mala imagen, por los márgenes que genera y por el escaso entusiasmo que genera entre los programadores trabajar en un sitio en el que saben que están de paso. Hasta el punto de que esta actividad ha llegado a denominarse popularmente como “body shopping”, como si se tratara de una simple venta de carne humana.

Las cosas no han cambiado demasiado desde que existe esta subcontratación. Los márgenes de las empresas que la practican dependen fundamentalmente de la diferencia entre lo que paga el cliente, que suele ser poco negociable, y lo que cobra el empleado. Por tanto, a menores sueldos, mayores beneficios.

Pero hay una empresa que ha introducido un poco de aire fresco en este sector. Se trata de LKS, que quiere introducir conceptos del cooperativismo en el mundo del outsourcing. En su caso, los subcontratados son al mismo tiempo empleados y no simples programadores que van de un cliente a otro en función de los contratos que capta su compañía.

LKS, que ha creado recientemente una división de outsourcing con sede en Vitoria-Gasteiz, se estrena especialmente con la sociedad pública Ejie, donde junto con GFI Norte y Oesía, centraliza toda la externalización informática. Lo que la firma del Grupo Mondragon quiere introducir es el valor añadido que supone el compromiso de sus socios-empleados por sacar el trabajo adelante.

Los empleados subcontratados suelen estar muy poco motivados y LKS quiere que esto cambie. ¿Lo conseguirá? No lo sé, pero lo que sí tengo muy claro es que el modelo de outsourcing informático que conocemos requiere una revisión completa.

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