Del telégrafo a la red: diferencias entre la sociedad industrial y la del conocimiento

En 1847 el Puerto de Bilbao se equipó con el primer sistema telegráfico eléctrico del Estado, para unir Bilbao con Portugalete. Algunos años después, en 1872, una empresa británica unió esta red con Inglaterra mediante 918 kilómetros de cable submarino. De esta forma, Euskadi se conectaba al centro del mundo, que en ese momento era el Reino Unido.

El telégrafo trajo a Bilbao aficiones deportivas, como el fútbol, entonces desconocidas por estos lares. Pero también generó una nueva industria, la de las agencias informativas y los periódicos, y potenció otras muchas, como la siderúrgica, que entonces empezaba a desarrollarse en torno a la ría del Nervión precisamente con técnicas e inversiones británicas.

Es fácil establecer símiles entre lo que ocurría entonces y lo que sucede ahora mismo con la Sociedad de la Información / Conocimiento. Pero ahora ya no hay que pensar tanto en cables, que los hay a miles, como en los servicios que pueden correr sobre ellos y en el número de personas que van a tener acceso a los mismos.

Además, la Administración ha cobrado un papel tractor que no tenía en el siglo XIX. No sólo porque su capacidad inversora la convierta en el principal agente económico sino también porque sus acciones son el ejemplo a seguir para todo el sector privado.

Así lo ha considerado el Gobierno Vasco desde el primer momento. Ya en 1997, durante su intervención en un congreso de Eusko Ikaskuntza, el entonces vicelehendakari Juan José Ibarretxe se refería a las “oportunidades de progreso” que iban a posibilitar las telecomunicaciones por sus capacidades de “interconexión y fluidez”.

“Las distancias van a perder su relevancia y el espacio va a adquirir un protagonismo creciente. Junto a ello la formación de las personas van a constituir dos de las ventajas comparativas de desarrollo en los próximos años”, decía un visionario Ibarretxe, que veía en las telecomunicaciones múltiples ventajas para las regiones alejadas de los centros de decisión.

Sin embargo, el acertado análisis llevó a una serie de conclusiones no tan bien encaminadas. El Gobierno Vasco apostó por las telecomunicaciones pero lo hizo invirtiendo en cables y fibra óptica. Lo que Ibarretxe definió hace diez años como “audaz política” se quedó lamentablemente ahí por muchos años: en la infraestructura.

Tendrían que pasar otros cuatro años para que, esta vez con Ibarretxe ya como lehendakari, el Ejecutivo se tomara las cosas con un enfoque más global. De ahí nació un plan, el de Euskadi en la Sociedad de la Información, que concebía las telecomunicaciones como algo más que cables. La e-administración, la digitalización de las empresas, la formación informática y, en general, la prestación de servicios online han sido programas desplegados a partir de entonces.

La lección es bien clara: la Sociedad de la Información no se construye a base de infraestructuras físicas (cables) sino a base de conocimientos que deben ser asimilados y compartidos por los ciudadanos. El programa KZgunea, con su labor de difusión y formación, ha hecho mucho más por Internet en Euskadi que todos los millones de euros que se gastaron en fibra óptica.

10/04/2008 • Escrito por José A del Moral
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