Lo comentaba recientemente Ibai Cereijo en Deia: “La zona del Abra se está convirtiendo en el mayor polo de producción energética del norte”. Y es que allí, en el Superpuerto, se están instalando varias granjas eólicas y cuatro plantas de biocombustibles. Lo único que falta ahora es llenar las laderas de Punta Lucero de placas solares.
Lo verde se está poniendo de moda, fundamentalmente porque existe constancia científica de que las emisiones de gases de efecto invernadero pueden acabar con la Tierra tal y como la conocemos. Y los países del mundo se pusieron en Kioto una serie de obligaciones que persiguen evitar el cambio climático. Esto nos concierne a todos, pero algunas organizaciones están mucho más adelantadas que el resto. También en Euskadi.
Hubo un tiempo en que muchas empresas alimentarias nacían en Euskadi. Los casos de SOS Arana, Koipe, Campofrío y Chiquilín son probablemente los más conocidos, pero hay muchos más. Uno de ellos es el de Ebro, la azucarera hoy integrada en el grupo Ebro Puleva.
Ahora que está de moda la energía eólica con la salida a Bolsa de Iberdrola Renovables cobra relevancia la inversión de BBK en Eolia. Esta última firma fue constituida en 2005 y está participada por los fondos de capital riesgo N+1 (el que controla los Hoteles High Tech y que fue fundado por el financiero bilbaíno Santiago Eguidazu), Indigo y Fonditel (Telefónica) y por las entidades financieras Bankinter y BBK.
Parece que los negocios ecológicos empiezan a tener muy buena prensa. Si desde hace dos años vivimos un boom de la energía solar, también se multiplican las inversiones en producción y distribución de biodiésel (sustitutivo del diésel) o el bioetanol (sustitutivo de la gasolina), dos carburantes semi-naturales que podrían sustituir un día al petróleo.
Hay dos empresarios vascos que históricamente han marcado tendencia. Donde van ellos, va el mercado unos años después. Hablamos de Juan Luis Arregui y Joseba Grajales, en su momento aliados a través de Gamesa y la fábrica de motores Guascor.
