En los resultados trimestrales presentados por las cajas de ahorro españolas BBK es la que más incrementa porcentualmente sus pérdidas por pérdida de deterioro de activos, que recoge las provisiones genéricas, específicas y voluntarias. Nada menos que un aumento del 660%, hasta 21,8 millones de euros. Sería interesante saber las causas concretas de tal incremento. Tan sólo sabemos que son por inversiones crediticias.
De los tres presidentes de las cajas de ahorro públicas en Euskadi, Gregorio Rojo, presidente de Caja Vital, es el único que tiene préstamos en la entidad que preside. Y nada menos que cinco operaciones en vigor por valor total de 909.000 euros, según reconoce la entidad en su último Informe Anual de Gobierno Corporativo (páginas 30 y 31), varios de ellos con garantía personal, no hipotecaria. ¿Cuál es su sueldo para poder tener acceso a ese nivel de confianza por parte de la caja?
Caja Vital ha reconocido que ha elevado los límites de riesgo máximo en los préstamos que concede a un mismo grupo económico de 100 a 120 millones de euros, lo que equivale el 14,8% de sus recursos propios, un 5% por encima de hace un año. La maniobra tiene relevancia ya se produce en un entorno de restricción al crédito. ¿Quién es ese grupo económico tan preferencial para Caja Vital?
El principal problema de muchas entidades ante el cambio de ciclo económico es su alta exposición al mercado inmobiliario, tanto a promotores que ahora andan con el agua al cuello para refinanciar su deudas a corto plazo como con los particulares, que pueden verse abocados a dejar de pagar hipotecas hinchadas por la subida de tipos. Todo ello puede suponer un aumento de la morosidad y las provisiones. Veamos la situación de las entidades financieras vascas.
El respaldo a los opositores a la fusión de las cajas vascas de una parte importante (el 35% directamente) de los compromisarios que representaban a los clientes de la Caja Vital obliga a reflexionar seriamente sobre el proceso de integración. Seguir por el camino emprendido hasta ahora, como si nada hubiese cambiado, no es la mejor idea. Está claro que hay muchos clientes de la Vital que quieren seguir trabajando con su caja y no con otra unificada.
Estos días se ha empezado a hablar de las elecciones para elegir a los representantes que después seleccionan al consejo de administración y al presidente de Kutxa, Vital y BBK. El sistema es un tanto complejo y este año se ha animado bastante, especialmente en Alava, así que conviene explicarlo.
Las cajas vascas son de las pocas entidades que se han librado de quedarse “pilladas” en el concurso de acreedores del Grupo Llanera. En total, 30 entidades financieras a las que el grupo inmobiliario valenciano les debe nada menos que 432 millones de euros. Están todas las importantes: BBVA, Santander, Banesto, La Caixa, Caja Madrid… pero sorprende agradablemente que no estén las cajas vascas.
Hace mucho tiempo que se viene rumoreando que José Antonio Ardanza dejará la presidencia de Euskaltel para ocupar el mismo puesto en la futura caja vasca. Sin embargo, estos planes se pegan de frente una y otra vez con uno u otro obstáculo, siempre político, para poder fusionar a BBK, Kutxa y Vital.
El tema de la fusión de BBK, Kutxa y Vital vuelve a la actualidad. Ya hablamos aquí hace algún tiempo de este controvertido asunto. Lo cierto es que los protagonistas, y fundamentalmente el que pasaría a ser nuevo presidente, Xabier de Irala, defienden con ahínco la necesidad de unir a las tres entidades. ¿Pero hay razones de verdad para fusionarlas?
Las cajas vascas no están dispuestas a que Caja Navarra “invada” su territorio de cualquier forma. La Kutxa fue la primera en contratacar con una oficina en Pamplona y ahora responde también Caja Vital. Pero Caja Navarra ha anunciado que abrirá hasta 50 sucursales en la Comunidad Autónoma Vasca.
