Me gustó especialmente este artículo de Eduardo Rodrigálvarez en El País en el que resalta que cuatro de lso mayores escándalos que hemos tenido en Euskadi han sido en el campo cultural: Guggenheim, Iruña-Veleia, Balenciaga y Kepa Junkera. ¿Casualidad o producto de una cultura super subvencionada e intervenida por los poderes públicos?
Menuda polémica se ha levantado con la subvención de 702.000 euros por parte de las consejerías de Cultura y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco para el proyecto “Etxea” de Kepa Junkera. Ha recibido críticas de más de 250 artistas y de los promotores musicales vascos. Pero no es la única subvención o contrato público para el bilbaino. Hemos contado hasta tres más recientemente.
Impresionado me quedé cuando el otro día leí que la consejera de Cultura, Miren Azkarate, otorgaba la calificación de “producto cultural vasco” sólo a los hechos en euskera más la música instrumental. Por exclusión, todo lo demás, lo hecho en castellano o inglés no es cultura vasca. Me parece una peligrosa definición, que aplicada a la definición de ciudadano o país lo deja restringido al 30% de la población vasca.
