Aunque Euskadi no ha conseguido colocar a ninguna constructora entre las grandes del Estado (ACS, Ferrovial, Acciona, FCC y Sacyr Vallehermoso), todas estas empresas tienen un sello vasco de mayor o menor tamaño. La principal es Acciona, que se hizo madrileña tras la fusión de Entrecanales y Cubiertas, pero que había sido creada por el ingeniero bilbaíno José Entrecanales, hijo del doctor que da nombre a una calle de la capital vizcaína.
Javier Ormazabal, el fundador del grupo que lleva su apellido, es una de las personas que llegó a figurar en la lista de candidatos de los principales innovadores vascos. El hecho de que sea relativamente desconocido explica por qué no está. Pero su empresa es una de las que más nos permiten presumir de tejido empresarial y de innovación.
Parece que los negocios ecológicos empiezan a tener muy buena prensa. Si desde hace dos años vivimos un boom de la energía solar, también se multiplican las inversiones en producción y distribución de biodiésel (sustitutivo del diésel) o el bioetanol (sustitutivo de la gasolina), dos carburantes semi-naturales que podrían sustituir un día al petróleo.
Acciona es una constructora que quiere dejar de serlo. Desde hace un par de años está embarcada en un proceso de entrada en sectores emergentes (energía eólica, agua, biocarburantes) que le ha llevado a comprar otras empresas. Entre ellas, varias vascas.
