Corría febrero de 2005 y el edificio Windsor de Madrid había ardido por completo. La reconstrucción era imposible, así que las autoridades y los propietarios, la familia bilbaína Reyzabal, decidieron derribarlo. El trabajo se adjudica a Grúas Usabiaga, la única empresa que disponía de material mecánico para realizar una demolición de esta naturaleza, ante la imposibilidad de usar explosivos.

Escrito por José A del Moral • 27/06/2007 • Leer másTemas: Haz un comentario